LONDRES, 2013.

UNA NOCHE FUI A VER UN ESPECTÁCULO DE STORYTELLING.

Era la primera vez que escuchaba esa palabra. Estábamos en el ático de un cine y había un escenario mínimo, un micrófono y un telón de fondo. Nosotros, sentados en pequeñas mesas circulares con una vela en medio. Veinte personas de público.

Comenzó, y personas de todo tipo se fueron subiendo al escenario de uno en uno a contar una historia real en cinco minutos. Nueve en total. Aquello me fascinó y salí de allí con una idea, todavía sin forma.

Empecé a investigar acerca de esta palabra, storytelling, y descubrí que su significado iba mucho más allá de contar una historia. Era en sí misma una forma de comunicación, posiblemente, la más eficaz. Seguí leyendo, buscando, preguntando. Encontré perfiles profesionales cuyo expertise era exclusivamente el storytelling: consultoría, creatividad, formación, motivación, performances. Comenzaba un capítulo nuevo.

 

Comenzó la transformación, y unos meses después dejé trabajo y vida en Londres para empezar de nuevo en Madrid. Rápidamente, creé Big Bang, un curso/espectáculo de narrativa oral autobiográfica, similar a lo que vi en Londres. Y a la vez, creé también la marca que lleva mi nombre. Así, comencé a dar charlas y a organizar talleres y cursos. Fueron también llegando los primeros clientes y los primeros proyectos.

 

Hoy, cuatro años después de aquella noche, Big Bang ha celebrado ya casi veinte cursos con sus muestras de narrativa, he llevado a cabo proyectos de comunicación de muy diversa índole para empresas e instituciones de primer nivel Y llevo acumuladas más de 300 horas de formación e innumerables relatos para marcas.

Aún así, esto es solo el primer acto.